domingo, 19 de marzo de 2017

SONETO A LA AMISTAD


                                            SONETO A LA AMISTAD

A mis querido amigos y compañeros

Siempre quise dedicar un soneto
a la memoria viva de un amigo,
que gusta de mirar al cielo conmigo,

aunque el sistema nos imponga veto.

Me propuse en mi senda un dulce reto
—en las tierras del mundo que bendigo—:
hacer amistad profunda, os lo digo,
con el hombre sencillo, que es respeto.


En el jardín de la inmensa ternura
germinan las flores de la alegría,
los frutos de la amistad ya madura;


y los pájaros, en algarabía,
trinan el himno de amor que perdura
en una melodiosa sinfonía.


Alcalá de Henares, primavera de 2001


NMS



En casa Museo Antonio Machado (Segovia-2012).


              






domingo, 19 de febrero de 2017

FÁBULAS EL GRITO DE LA TIERRA (LIBRO DE FÁBULAS)




Nicolás Masías Sosa
Primera Edición
Mayo de 2011.
De Esta edición:
Nicolás Masías Sosa
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Casa Nuestra Editores
De Alberto Alarcón
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Queda prohibido la reproducción total o parcial
de esta obra por cualquier medio reprográfico o
informático, sin consentimiento del autor.
Composición y diagramación:
Vania Pereda
Cuidado del texto:
Alberto Alarcón
Carátula e ilustraciones interiores:
Martín Vite Bautista
Diseño de carátula:
Vania Pereda
Alberto Alarcón.
Foto de solapa:
José Javier Martínez

CONTENIDO
Prólogo/9
Dedicatoria/11

FÁBULAS DEL SER HUMANO

Dos caminantes/15

Los dos monstruos/17
La desventaja de la bestia/19
El avaro/20
La verdadera fortuna/21
La fe en la luz/22
El delincuente y el viejo sabio/24
El mundano/26
El cazador cazado/28
Las huellas/31
La inmensa sed del torturado/32
Tras el agujero el cielo/34
Gema y el fabulista/36

FÁBULAS DE ANIMALES

El ratón político y el loro/41
Los amigos y el gavilán/45
El murciélago y el topo/48
El perro pulgoso que cayó en el barro/51
El poeta y el canario/54
El cóndor y el zorro/56
Junta de lobos/59
Los dos caballos y el horizonte/61
El cerdo y el cisne/63
La serpiente y el ruiseñor/65
La mona, la escoba y el cuy/67
El escorpión y el zorro/69
La reclamación del sapo/71
La gaviota de la armonía/73
El amor de la madre/75
El gusano que creía conocer el mundo/78
Bayo, el caballo del amor/81
El ruiseñor y el rosal/84
La mariposa y la flor/86
El cóndor sagrado y los monstruos/88

FÁBULAS DE VEGETALES Y MINERALES

El amor del girasol/93
El hombre y la mala hierba/95
Las espinas y las rosas/98
La caña que soñaba con ser quena/101
El algarrobo y la enredadera/103
Las piedras del fuego/105

FÁBULAS CÓSMICAS Y DIVINAS

I  Los espíritus de la chispita/109
II El silencio cósmico/112
III La gran misión/115
IV El grito de la tierra/117
V Todo por amor/120

PRÓLOGO

   Nicolás Masías Sosa, el gran escritor peruano que desde hace tantos años vive en España (por fortuna para España), sin dejar de ser peruanísimo (por fortuna para Perú) nos regala un título más de lo que algún día será la nutrida biblioteca que lleve su nombre.
   Es el turno ahora de El Grito de la tierra, una colección de fábulas en que lo humano va ganando terreno sobre lo animal (en relación con otras obras suyas anteriores, que podrían ser definidas como tratados de zoología literaria en un sentido más estricto que éste), sin que, desde luego, los animales se hayan ausentado del llano imaginario de estas páginas. No puede haber Nicolás Masías Sosa ni puede haber literatura suya sin animales, eso lo sabemos bien todos sus amigos y todos sus lectores.
   Pero es verdad que en El grito de la tierra hay una nutrida sección de “Fábulas del ser humano” que se expresa sin la máscara animal que antes dominaba, indiscutiblemente, la literatura de Nicolás; y que hay otras dos secciones, “Fábulas vegetales y minerales” y “Fábulas cósmicas y divinas”, que constituyen relativa novedad en sus acentos y relativa innovación en el género literario con que el escritor se identifica: antes era el Nicolás Masías creador de bestiarios, hoy es ya el tratadista de ciencia natural y moral; no extrañe que pronto le veamos convertido en astrónomo lírico y en versificador metafísico.
   Que disfrute el lector de estas páginas, tan pequeñamente humanas como de horizonte inabarcable.
                                                   José Manuel Pedrosa
                                                   Universidad de Alcalá de Henares

                                A mi madre Julia y a mi esposa Soledad,
                                      amores eternos.



FÁBULAS DEL SER HUMANO

DOS CAMINANTES

 

   Caminando por una senda empedrada
encontré dos hombres muy diferentes
pese a la posición miserable
que mostraban en común.
Uno, encorvado, no me miró,
y desde su cueva oscura
donde se cobijaba
permanecía con los ojos fijos
en el suelo.
El otro, erguido,
a pesar de su esquelética figura,
estaba en medio de la luz del sol
y, al verme, me clavó su firme mirada.
Sus bellos ojos relampaguearon
como las estrellas del cielo.
Entonces comprendí
que en estos dos hombres
dos mundos opuestos
se agitaban:
¡La muerte fatídica,
inanimada;
y la vida indomable,
resucitada!


Moraleja:
Quien mira al suelo, perece;
quien mira al sol, renace y crece.



LA DESVENTAJA DE LA BESTIA





   La desventaja
de la Bestia Cretina
que no cesa de matar
es que no sabe
cuándo
ni cómo
ni dónde
la voy a golpear.

Moraleja

La bestia, aunque poderosa, no sabe del porvenir;
quien piensa y espera el momento… la podrá abatir.



TRAS EL AGUJERO EL CIELO


Al doctor Jorge Ambulay Peña,
                                                 defensor de causas justas.

   Estaba en una mazmorra oscura,
preso por apreciar la vida
y en medio de mi soledad y tristeza
vi una lucecita que se filtraba
por un agujero en el techo,
tan pequeñito
como el ojal de una aguja.
Presuroso, lleno de ánimo y confianza
puse mi gigantesco ojo
sobre el agujerito.
Fue grande mi sorpresa,
al ver tras la simpleza
del humilde agujerito
la majestuosa grandeza
del universo infinito.
¡Y me llené de esperanza!

















martes, 6 de diciembre de 2016

FÁBULAS DEL LIBRO EL TRINO EN LA SELVA (CUARTA ENTREGA)

FÁBULA DEL LÁPIZ Y EL PAPEL




El Lápiz le dijo al Papel:

—¿Sabes? Soy la herramienta más extraordinaria que ha inventado el hombre.
—¿Por qué? —preguntó el Papel.
—Pues con mi auxilio se han hecho los grandes inventos, las fórmulas, los postulados, las doctrinas; en síntesis, las filosofías, las artes, las ciencias, las religiones y todas las creencias del hombre.
—¡Ah! —respondió meditativo el Papel— sin mi ayuda no hubieses podido hacer nada de lo que has mencionado, pues no tendrías dónde escribir.
—Es verdad —asintió el Lápiz, avergonzado.
—Y de seguro que sin nosotros —reafirmó el Papel— el hombre hubiera ideado otras herramientas para suplantarnos.
—¡Sí! —movió la cabeza el Lápiz— el hombre es capaz de todo lo bueno y lo malo, su historia lo demuestra.
—¿Para qué, entonces, envanecernos? —sentenció el Papel
— Si hasta hoy hemos cumplido con modestia nuestra misión y siempre nos han considerado como las herramientas más sencillas que ha utilizado el hombre en sus grandes aportes a la humanidad.
—Me has convencido, hermano, perdóname. Se me había contagiado la arrogancia del hombre mediocre. Sigamos siendo sencillos como siempre. Y ahora calla. Siento los pasos del Artista. Seguro que va a escribir algo.

El Escritor cogió con cariño el Lápiz, meditó un momento y luego estampó en el blanco Papel este pensamiento:

“Con las simples herramientas del Lápiz y el Papel el hombre ha creado universos de sabiduría y de placer.”



 

UN GRANITO DE ARENA

 Para el inventor de caricias

UN GRANITO DE ARENA

—Padre, ¿dónde radica la grandeza del hombre?
—Radica en su sencillez, hijo.
—¿Cómo así, padre?
—Por ejemplo, un granito de arena es insignificante, pero ese simple grano es parte del eslabón de toda la cadena que forma el universo. A través de esa partícula, de ese microcosmos, se puede estudiar y deducir el universo entero.
—Pero nosotros, padre, no lo tomamos en cuenta.
—Así es, hijo, la grandeza no necesita agigantarse para que todos la vean, sino que muchas veces se camufla, se hace invisible, como un espíritu.
—Entonces, lo grande puede ser pequeño, padre.
—Sí, hijo, lo grandioso puede ser pequeño y hasta invisible a los ojos del mundo, por eso alguien ha escrito:


Hallé sentido a la vida
hurgando en la sencillez,
no en la falsa brillantez
de la humanidad perdida.
Lo más hermoso se anida
en un granito de arena,
que construye la cadena
del infinito universo;
es que se escribió en verso
en el azul de la escena.






LAS FURIAS

                                                          A mis hermanos nativos de la selva amazónica
                                                          que han ofrendado sus vidas
                                                          en la lucha contra las hordas genocidas
                                                          por defender este pulmón del planeta.



LAS FURIAS


A mis hermanos nativos de la selva amazónica
que han ofrendado sus vidas
en la lucha contra las hordas genocidas
por defender este pulmón del planeta.

—¿Por qué la naturaleza se encoleriza, padre? ¿Por qué las inundaciones, los huracanes, los cataclismos?
—Porque son las furias naturales y extra naturales de la Madre Natura, hijo.
—¿Naturales?, ¿por qué?
—La naturaleza, hijo mío, tiene sus fiebres, sus desfogues, sus dolores, sus desarrollos. Es un ser vivo, dialéctico, en permanente evolución.
—¿Y por qué extra naturales?
—Es la respuesta de la naturaleza a la agresión que le hace el hombre.
—Pero, ¿cómo agrede el hombre a la naturaleza, padre?
—Con toda clase de venenos, humos tóxicos, con la tala de sus bosques, con desechos industriales, con las explosiones nucleares en sus entrañas y con multitud de venenos que la contaminan.
—¿Entonces ella se molesta como si sintiera, padre?
—Así es, se enfurece porque la están matando cada vez más de prisa las grandes potencias industriales y los ricos de todos los países del mundo.
—Padre, también al mar lo contaminan.
—Sí, hijo, millones de peces mueren a diario porque en las entrañas submarinas se realizan ensayos nucleares y se arroja toda clase de desechos radiactivos. En nuestra atmósfera también aumenta cada minuto la contaminación.
—¿Y el hombre no puede dejar de agredirla, padre?
—¡Ah, hijo mío, qué bueno sería que el hombre comprenda que no debe matar a la Madre que nos da la vida! Pero el rico, el de la bolsa de oro, es egoísta y tiene intereses poderosos en todo el mundo.
—¿Y qué se puede hacer, padre?
—Se puede hacer la más grande cruzada de todos los tiempos desde que el hombre apareció en la tierra para salvar a nuestra Madre. Todos los pueblos del mundo, todos los hombres de buena voluntad deberán luchar con los medios poderosos de la verdad, la razón y la justicia contra ese puñado de criminales de nuestra Madre Natura y detener así la contaminación. Es nuestra única alternativa para salvaguardar la vida de todas las especies de la tierra.


martes, 29 de noviembre de 2016

FÁBULA EL HOMBRE QUE NO SE QUERÍA IR


EL HOMBRE QUE NO SE QUERÍA IR

(FÁBULA)
Al Maestro Marcos Ana.
A su eterna memoria.



El Anciano amaba tanto a la humanidad
que, a pesar de su cuerpo adolorido,
no quería morir.
Se aferraba a la vida
para seguir amando.

Sus amigos y amigas le decían:

—¡Vete, hermano, ya has cumplido tu misión!
—¿Por qué tanto amor, hermano, si el hombre
te aprisionó, te vejó, te torturó?
—Te encerró como a una fiera por largos años de martirio
en mazmorras nauseabundas, porque defendiste
la justicia, el amor y la belleza.
—Los mejores años de tu vida te los robaron
las tinieblas en abismos insondables.
—Te privaron de la luz del arcoíris, del color de las mariposas,
de la fragancia de las flores, del canto del ruiseñor.
—Te negaron el murmullo del río, la inmensidad del mar,
el vuelo de los pájaros, el fulgor de las estrellas...
—Te privaron de la ternura del amor, de las miradas ardientes,
de los labios insinuantes, de la entrega de la amada.
—Te robaron a tus hijos, con los que jugabas
en las verdes praderas
del paraíso de tus sueños.

El Anciano moribundo meditaba apacible
cuando dos candentes lágrimas
quemaron sus mejillas.

Y sus amigos y amigas insistieron:

—¡Ya es hora de que partas, hermano!
Con tu muerte tu obra crecerá
como crece la luz
cuando huyen las tinieblas.
—Las nuevas generaciones valorarán tu lucha,
tu sacrificio y toda tu obra.
¡Pero debes partir, hermano!
—Tus ideales triunfarán para hacer de la humanidad
un mundo justo y fraterno.
¡Pero ya vete, hermano, no nos hagas sufrir!
—Toda vida tiene su ciclo, hermano,
y tú has hecho por diez vidas,
a pesar de que el monstruo de las tinieblas
te mató una vida.
¡Pero, por piedad, ya vete, hermano!
—Vivirás en tus ideales, en tu verbo,
en la quimera de la esperanza.
¡Pero ya vete, hermano, a descansar en paz!

Entonces apareció una anciana
de luminosa belleza,
y le habló con dulzura:

—Mi amado, tenemos que partir hacia lo infinito.
Ya has dado ejemplo de justicia,
de belleza y de hermandad,
y te toca partir ahora, por amor.

El Anciano moribundo le respondió
con su voz inmensa:

—¡Mi amada, todo lo hice por Amor!

Y se abrazó a la luminosa belleza,
quedándose dormido para siempre.


Alcalá de Henares, 25 de noviembre de 2016


NMS


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