martes, 1 de enero de 2019

FÁBULA: LA UNIÓN

             


FÁBULA: LA UNIÓN (*)







FÁBULAS DE LOS PUEBLOS Y SU LUCHA


A los pueblos, por su UNIÓN,
en su incesante LUCHA
contra la injusticia
y toda forma de opresión.


En los Andes se reunieron los animales para discutir cómo liberarse del Puma, que los venía exterminando.

—Hay que pedirle diálogo —dijeron las inocentes Llamas, mirando con sus ojos mansos.
—¡Ese no entiende de diálogo! —respondió el Zorro con severidad.
—Entre todos pidamos audiencia —propusieron las serenas Vicuñas.
—Será en vano, aprovechará para hacer una matanza —intervino el audaz Guanaco, que muy poco hablaba.
—Supliquémosle que nos deje en paz —pidieron las delicadas Alpacas.
—¡Eso es imposible, es una fiera terrible! —exclamó el hábil Conejo.
—¿Qué haremos, hermanos? —dijo el manso Perro, que había sufrido la muerte de sus cachorros.
—¿Qué piensas tú, hermano Cuy, que estás tan callado? —preguntó el bondadoso Burro.

El ingenioso Cuy, convencido, respondió:
—Hay una forma de sacarlo de aquí, ya que nadie aislado puede medir sus fuerzas con el desalmado.

—¿Cuál es? —preguntó el Zorro.
—Para esta acción se requiere astucia y coraje, hermanos —dijo el pequeño Cuy, levantando su puño.
—¿De qué se trata? —insistió el Conejo.
—Se trata de que todos vamos a fingir estar locos, de que nos ha caído el mal de la rabia —explicó el Cuy.
—Entonces nos empezaremos a morder unos a otros para que se la crea el Puma —añadió el Conejo, reforzando la idea.

—¡Pero hay algo más que decidir! —dijo enérgico el Cuy.
—¿Qué cosa? —preguntaron todos.
—Uno de nosotros debe fingir estar cuerdo, será quien engañe al Puma —aseveró con fuerza.

—¡Que sea el Conejo! —gritó el Zorro apresurado—, porque a mí no me creerá; el Puma me tiene tirria.
—¿Qué dices, Conejo? —preguntó muy serio el Cuy.
—¡Por el bien de toda la comuna lo haré! —exclamó el Conejo—. Le gritaré desde mi guarida, ya pensaré qué decirle.
—¡Bien hecho, hermano, así se habla! —dijo el Cuy, y todos aplaudieron.

Cuando declinaba la tarde, el Cuy dio la voz de alarma: el Puma bajaba a cazar como de costumbre.
De inmediato, todos los animales en la quebrada comenzaron a correr y a fingir que se mordían unos a otros.

El Puma, que al principio se alegró de ver tanto animal al alcance de sus fauces, se detuvo sorprendido al ver la agresividad de las dóciles Llamas y Alpacas.
En eso, el Conejo asomó la cabeza desde su guarida y gritó:

—¡Señor Puma, cuidado, no se acerque! ¡Esos animales se han contagiado con la rabia!
—¿Qué? ¿Rabia? —rugió el Puma, alarmado.
—¡Sí, señor! Una jauría de perros rabiosos los mordió. ¡Yo apenas logré esconderme!
—¿Se han vuelto locos?
—¡Sí, señor, están locos perdidos! Han mordido también al Jaguar, que anda fuera de sí.
—¿Qué? ¿El Jaguar también?
—¡Sí, señor! Y dijo que antes de morir quería saldar unas cuentas pendientes… con usted.

—¿Conmigo? —bramó el Puma, espantado.
—¡Eso mismo dijo! —confirmó el Conejo.
—¡Ese miserable quiere contagiarme la rabia! —gritó el Puma, y huyó despavorido como un ratón asustado.

El Cuy corrió a abrazar al Conejo por el éxito del plan, y todos los animales se unieron al festejo.


Moraleja
La unión, con astucia y valor,
vence al más grande opresor.

¡La unidad por una causa justa
es la mejor garantía
contra toda villanía!




Alcalá de Henares, invierno, 1 de enero de 2019


 NMS

(*) Fábula publicada en mi Blog de Literatura el 13 de septiembre de 2015,
en solidaridad con los inmigrantes y refugiados.
(**) Ilustración de Martín Vite Bautista.




jueves, 20 de diciembre de 2018

FÁBULA LA GOTA DE AGUA EN LA ROCA


LA GOTA DE AGUA EN LA ROCA (*)




                                                        

LA GOTA DE AGUA EN LA ROCA

A mis tres amados hijos: Nicolás, Nilo y Said.

La Gota de Agua perforó
en su larga persistencia
el corazón de la Roca.
Entonces, la Roca habló:

—¡Ay!, hermana, tu insistencia
admiración me provoca.
¿Cómo tú, siendo tan blanda,
tienes el inmenso valor
de romper mi duro acero?

Sollozó la Gota de Agua
vertiendo lágrimas de amor
en el profundo agujero.

Con paciente sutileza
y persistencia en su amor
actúa el espíritu creador
de nuestra Madre Naturaleza.


NMS

() “La Gota de Agua en la Roca” es una fábula breve pero profunda que da título a mi libro homónimo, editado en 2017 por Papel de Viento Editores (Trujillo–Perú).*

 (**) Ilustración de Martín Vite Bautista.







jueves, 6 de diciembre de 2018

RISÁBULA: EL GORILA Y EL MONO






RISÁBULA (*)


EL GORILA Y EL MONO



RISÁBULA 

EL GORILA Y EL MONO

Para mis queridos compañeros Leonardo Sullón y José Rijalba, dirigentes del SOITPSA,
por su ingenio cuando redactábamos la “Página amarilla” de la revista sindical.


Versión A

Cuando el Gorila
le va a pegar al Mono
porque está
en el árbol del ciruelo,
éste le dice:

—¡Yo contigo no me rebelo,
porque sé que eres mi abuelo!
Deja a tu flaco nieto vivir,
¡que tú serás gordo hasta el morir!





Versión B

Un enorme Gorila
va cruzando un riachuelo
y ve trepando al Mono
al árbol del ciruelo.
Se dirige en mal tono
al mico que vacila,
pero sin romper fila:

—¡Este árbol es mi trono!
Antes que me entre la ira,
¡vete de aquí, mozuelo!

—Yo este árbol no abandono,
lo digo sin mentira;
si me echas, yo me muero,
porque tú eres mi abuelo,
a quien adoro y quiero,
con quien no me rebelo.

¿Has olvidado la historia?
¿A dónde está tu memoria?
¡Deja a tu flaco nieto vivir,
que tú serás gordo hasta el morir!

El Gorila cavila
y sosegado respira;
su pensamiento afila
y, del esfuerzo, bosteza.
Confuso se retira,
rascándose la cabeza.


Alcalá de Henares, otoño de 2018.


 NMS

Notas

(*) Cuadernos de NMS: Risábulas.
(**) Ilustración de Martín Vite Bautista.




jueves, 22 de noviembre de 2018

II DIÁLOGO: EL BURRO Y EL MONO



DIÁLOGO: EL BURRO Y EL MONO (*)

II





DIÁLOGO EL BURRO Y EL MONO (II)

Para mi gran amigo Francisco Carrillo

Habla el Mono emocionado:
—Amigo, estoy admirado
de su claro entendimiento;
estaba mal informado,
con un falso pensamiento.

—Pues nos persigue ese estigma
por todo este mundo ingrato;
pero no es ningún enigma,
el culpable es un Pilato.

—Quisiera que me dé luces,
amigo, sobre este tema,
mientras suave me conduces
y me aclaras el dilema.

—Es muy sencillo el problema:
el hombre, para avanzar,
necesitaba la fuerza.
El toro entró al sistema,
igualmente el caballar,
y el burro, si se esfuerza.

El toro, por su gran peso,
fue destinado al arado,
bárbaramente explotado
hasta quedar hecho hueso.

El caballo, que es potencia,
le sirve como transporte
y como arma de guerra;
el bello, con su eficiencia,
quizá es el que más soporte
la crueldad sobre esta tierra.

El burro, menos dotado
que estos potentes hermanos,
fue destinado a la carga
y duramente azotado
en una vida muy larga
y al fin, pasto de gusanos.

—No me gusta la tristeza,
me gusta a mí la alegría:
reír y pasear como alteza,
bailando con melodía.

—La vida no es un solaz
que todo el tiempo nos dura;
hasta el ser más perspicaz
tropieza en la sepultura.

—Me haces pensar como un santo;
lo que no logro entender
es por qué te azotan tanto
si cumples con tu deber
y sirves al adelanto.

—Todo tiene explicación
en este asunto que valoro:
al querernos comparar
con el caballo y el toro,
de éste su fuerza al tirar
y del caballo trotón
su velocidad que añoro.

Mas no tengo esos dones
que me quieren imponer;
por eso las sinrazones
que siempre son de temer.

Me ponen peso pesado,
como si yo fuera un toro,
y que corra tan veloz
como un corcel desbocado;
esta injusticia deploro,
por ser malvada y atroz.

—Voy entendiendo, mi amigo,
el porqué de ese maltrato;
es como si aquí en el monte
trajeran al gorila ñato
a medir fuerzas conmigo
como si fuese un bisonte.

O me pongan a correr
con una veloz gacela;
me la pasaría en vela,
sin jamás poderla ver.

—Muy buena la semejanza
con que ilustras el conflicto;
eso me da la confianza
de que eres un Mono estricto.

—Yo seré muy juguetón
y también irresponsable,
pero distingo al matón
y todo lo condenable.

—Desde el oscuro rincón
asecha espíritu malo (**),
para hincar el corazón
del bondadoso Chilalo (***).

En la maldad de este globo,
porque el burro no es ligero,
con las cargas en su lomo
le dicen lerdo y embustero.

Si no tiene fuerza como
un gigantesco algarrobo,
le dicen inepto y bobo.

Y con esa sinrazón
justifican el chicote,
los palazos, el azote
y toda flagelación.

¿Y qué nos queda, hermanito,
en este mundo atroz?
¡El luchar por nuestra vida!
¡Rechazamos lo inaudito:
no podemos ir veloz
ni hacer fuerza indebida,
así el demonio maldito
sea como un lobo feroz!

¡Por eso la rebeldía,
como una candente brasa,
enarbola nuestra raza
por tanta carnicería!

—¡Hermano, me has conmovido!
Yo también levanto el brazo
contra el injusto poder;
aunque yo soy divertido,
todo maltrato rechazo,
¡y jamás puedo ceder!

—Me alegra que estés conmigo,
aunados en el deber,
como agua clara al beber,
¡contra cualquier enemigo!



Fin del capítulo II


Continuará

Notas

(*) Cuadernos de NMS: Diálogos.

(**) Asechar: poner o armar asechanza (RAE).
Acechar: observar o aguardar cautelosamente con algún propósito (RAE).
Por tener el mismo origen etimológico, ambas formas han coexistido. Hoy, “acechar” se usa para vigilar, mientras que “asechar” conserva la idea de trampa o engaño. Por ello, el “espíritu malo asecha”, como se emplea aquí.

(***) Chilalo u hornero del Pacífico (Furnarius cinnamomeus): ave típica de los bosques secos ecuatoriales del Perú y Ecuador, de unos 18 cm. Su color canela cubre la mayor parte del cuerpo; su parte inferior es blanca y tiene ojos amarillos. Construye fuertes nidos de barro (olleros). En el norte del Perú es un pájaro mítico que inspira el arte de la alfarería y pronostica el Fenómeno El Niño.

(****) Ilustración de Martín Vite Bautista.




Alcalá de Henares, otoño de 2018.


NMS


                                                    

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