
EL RUISEÑOR Y EL ROSAL
En un Rosal cantó el Ruiseñor sus hondas melodías, alegrando a
las delicadas Rosas. La más hermosa le dijo:
— ¿Por qué el cielo no me dio la gracia de entonar tus trinos?
— ¿Y cómo el poderoso no me dio un cachito de tu belleza? —
respondió el Ruiseñor, mirándose su desteñido plumaje.
— ¡Porque nunca estamos contentos con lo que somos! —
musitó la Rosa más bella.
— ¡O quizá porque los seres aspiramos a ser cada vez mejores!
— dijo el Ruiseñor apesadumbrado.
— ¡Hay cosas irreversibles, hijos míos, — habló amablemente el
espíritu del Rosal — en el universo hay esencias que no
pueden ser transgredidas, pero todas tienen su belleza y
encanto. Tú, Ruiseñor, tienes el don extraordinario de trinar
como los ángeles,...