n. º 6
I. INTRODUCCIÓN
En este número, la Plaqueta Literaria La Semilla se adentra en la fábula, la poesía y el pensamiento, ofreciendo un ramillete de textos breves que iluminan la sensibilidad, la reflexión y el espíritu humano.
el Eco del aullido del Lobo
descendió por las colinas luminosas
y fue a reposar en un apacible lago,
donde un anciano Cisne
lo encontró moribundo sobre el agua,
en la que se reflejaba
la figura del Lobo llorando.
Este año hay que iniciarlo llenos de optimismo y energía, aprovechando el tiempo con plena conciencia y poniendo el foco en lo esencial. Hay que esmerarnos en ser mejores en todos los ámbitos, en ser solidarios y empáticos. Habrá situaciones en las que podremos intervenir y transformarlas; y otras que no dependerán de nosotros.
Estemos siempre al lado de la Madre Naturaleza, de los pueblos del mundo, de la humanidad, de la justicia, de la verdad, de la belleza, de la bondad y de la vida. Seamos Semillas Despiertas, actuando siempre con Amor.
Estaban en un majestuoso rosal la Mariposa y el Chupaflor, como si fueran parte de la planta.
Una Rosa, abriendo sus pétalos vistosos, dijo: “Qué bella soy”.
La Mariposa, extendiendo su manto de arcoíris, afirmó: “Yo soy la más hermosa”.
Y el Chupaflor, batiendo sin cesar sus alitas multicolores, declaró: “Yo soy el más bonito”.
—¡Qué dicen, hijos míos, por qué tanta vanidad! —habló apacible el Espíritu del Rosal—. Tomen conciencia, hijitos: ¿qué serían sin la luz de nuestro padre el Sol, sin los nutrientes de nuestra Madre Tierra, sin el aliento del Aire, sin la vitalidad del Agua, sin el Espíritu que todo lo anima…?
¡Ay, mis hijitos, deben ser humildes y agradecidos con las energías terrenas y celestes que nos dan la vida!
Ni las victorias ni las derrotas
deben tomarse al pie de la letra:
ambas pueden esconder su contraria.
Tras una caída puede ocultarse
una victoria —o viceversa—.
Hijo mío, no desesperes:
una derrota también puede
estimular y enseñar
más que un triunfo,
si sabemos extraer la lección.
¡De sus cenizas se ha levantado,
con sacrificio y valor,
el ser humano resplandeciente,
como el Ave Fénix
para surcar los cielos!
Cuando los Reptiles vieron a los Pájaros posarse en los árboles para cantar, se llenaron de resentimiento, pues ellos no podían surcar los cielos ni trinar, ni poseían aquella belleza multicolor ni esa alma sublime. Se confabularon todos los Reptiles, desde los cocodrilos hasta las serpientes más venenosas, para exterminarlos. Por las noches reptaban silenciosos por los árboles y devoraban a muchos pajarillos.
Ante ello, los Pájaros hicieron sus nidos muy altos y organizaron turnos de vigilancia. Pese a las persecuciones y matanzas, siguieron defendiéndose; y, con el tiempo, su resistencia fue superior porque luchaban por los sagrados derechos de la libertad y de la vida. Por eso prevalecieron y continuaron alegrando los cielos con sus colores, sus sinfonías y su delicada armonía; mientras los Reptiles, revolcándose en el fango y la podredumbre, persistieron en su odio visceral.
Siempre quise dedicar un soneto
a la memoria viva de un amigo
que gusta mirar el cielo conmigo,
aunque el sistema nos imponga veto.
Me propuse en mi senda un dulce reto
en la tierra del mundo que bendigo:
hacer amistad profunda —os lo digo—
con el hombre sencillo, que es respeto.
En el jardín de la inmensa ternura
germinan las flores de la alegría,
los frutos de la amistad ya madura;
y los pájaros en algarabía
trinan el himno de amor que perdura
en una melodiosa sinfonía.


3:57
nicolas masias






